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Una Solheim Cup de vértigo, que se queda en Europa

Una Solheim Cup de vértigo, que se queda en Europa

La Solheim Cup 2019 pasará a la historia como la más exitosa de las celebradas hasta el momento en suelo europeo (más de 80.000 entradas vendidas) y por la dramática final vivida el domingo 15 de septiembre. No se le puede pedir más a un evento deportivo, con jugadoras en ambos equipos peleando hasta el último minuto y en ocasiones bajo unas condiciones climatológicas muy duras.

Las ganadoras fueron las heroínas del Equipo Europeo, pero en realidad el verdadero vencedor es el golf femenino, que con espectáculos tan vibrantes y exitosos avanza un pasito más en ese camino que se abre a codazos para lograr más cobertura mediática, apoyo de patrocinadores y mayor reconocimiento social a sus grandes figuras.

Las dos jugadoras españolas seleccionadas no han podido dejar mejor el pabellón nacional. Tanto Carlota Ciganda como Azahara Muñoz han ejercido de líderes y veteranas del Team EU hasta la extenuación, siendo las únicas jugadoras que participaron en los 5 partidos celebrados a lo largo de las tres jornadas del campeonato. Lo dieron todo, marcando puntos decisivos para el equipo y remontando marcadores negativos cuando parecían insalvables. La capitana, Catriona Matthew, confió en ellas desde el primer momento, y las españolas respondieron con creces.

Para la historia del golf europeo y de la Solheim Cup quedan ya momentos magistrales, como la remontada de Georgia Hall y Celine Boutier el día 2, esa victoria al límite de Carlota Ciganda en el primer partido individual del domingo, y ese putt de infarto de Suzann Pettersen que dio la victoria a Europa y de paso acalló a tantas voces que habían criticado su inclusión en el equipo.

«El clima de estos días es sin duda el más duro en el que me ha tocado jugar hasta ahora»

Lexi Thompson, Team USA

Por el lado norteamericano, inolvidables los golpes y perfecto acoplamiento de las hermanas Korda, las primeras en jugar como pareja en la Solheim, los putts de Lexi Thompson… y las capas de ropa (orejeras incluidas) de Lizette Salas.

Absolutamente nada que reprochar a las jugadoras europeas, desde las rookies, que no solo mantuvieron el tipo, sino que superaron todas las expectativas, hasta las veteranas, que las llevaron bajo el ala y dieron el resto cuando la batalla estaba en sus manos. Si algo se vio en Gleneagles fue camaradería, compromiso, juego limpio y una hermosa amistad en la que no hay lugar para los egos. Esa es la pasta con la que se forjan los equipos campeones, y Team EU lo ha demostrado.

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