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Mujer, golfista profesional y maternidad: un triángulo difícil de sostener

Mujer, golfista profesional y maternidad: un triángulo difícil de sostener

Las mujeres golfistas profesionales van logrando muy poco a poco pequeños avances que contribuyen a disminuir la gigante brecha que hay respecto a sus colegas masculinos. La bolsa de premios de los grandes torneos está aumentando, las televisiones dedican más horas a cubrir campeonatos femeninos, la Solheim Cup 2019 fue un éxito en todos los sentidos… Sin embargo, hay un aspecto en el que se han logrado muy pocos avances y nadie parece encontrar una solución convincente: la conciliación de golf profesional y maternidad.

El número de jugadoras que son madres y compiten en el LPGA Tour o en el Ladies European Tour es ínfimo. Siempre lo ha sido, y lo sigue siendo. Pese a medidas que se han tomado para facilitar su regreso a la competición tras la baja por maternidad, y a que la LPGA tiene una guardería rodante que viaja a todos los torneos en EE. UU., son muy pocas las mamis golfistas que compiten al más alto nivel.

Hay contadas excepciones, que han demostrado que se puede hacer y que se pueden ganar grandes torneos siendo madre, como Catriona Matthew, Nancy López y Juli Inkster, pero la realidad es que la lista de jugadoras que se retiran para formar una familia es infinitamente más larga. Es el caso de las legendarias Lorena Ochoa y Annika Sörenstam, o más recientemente de Suzann Pettersen, que colgó los hierros nada más meter el putt decisivo en Gleaneagles.

En España, tenemos los ejemplos de Laura Cabanillas, Marta Prieto y Paula Martí, tres golfistas excepcionales que dejaron de competir profesionalmente tras ser madres. Aún tenían juego para rato, y dos de ellas intentaron volver, pero no tardaron en ver con claridad que niños pequeños y el ritmo del tour eran incompatibles.

“Cuando me quedé embarazada yo jugaba en el LET, y tenía clarísimo que a partir de ahí se acababa una etapa de mi vida y comenzaba otra. No quería ni podía tener hijos con un calendario de torneos que te obliga a estar siete meses viajando por el mundo”, asegura la sevillana Marta Prieto.

La maternidad en el golf de élite no es diferente a la de otros deportes, en los que las mujeres intentan estirar al máximo su carrera antes de quedarse embarazadas. La biología es implacable, y a partir de los 31 años la fertilidad femenina empieza a disminuir de manera galopante, por lo que las deportistas que quieren ser madres asumen que esa es más o menos la edad en la que tienen que plantearse el momento de un parón de un año para empezar su familia.

Foto: Brittany Lincicome acaba de volver al LPGA Tour tras ser madre de una niña.

LA GRAN PARADOJA

La gran diferencia del golf respecto a otros deportes es que tanto la mujer como el hombre pueden seguir compitiendo profesionalmente hasta la edad de jubilación. El golf no es solo para jóvenes con cuerpos fornidos, y ese es quizás también uno de sus grandes atractivos.

La paradoja, sin embargo, es que son muy pocas las mujeres que se reintegran al circuito después de parir. La razón principal, según nos explican las jugadoras con las que hemos hablado, es que la exigencia del calendario de competiciones (que entre una cosa y otra duran una semana) es prácticamente incompatible con una vida familiar ordenada y estable.

“Tras ser madre de mi primer hijo, Izan, aún sentía que me quedaba camino por competir y lo intenté”, recuerda la barcelonesa Paula Martí. “Tenía un calendario de 20 a 25 torneos al año. Eso significa más de medio año fuera de casa. Fue un show logístico, y eso que tuve muchísima ayuda de mi marido, mi madre y mi suegra. Pero poco a poco me fui dando cuenta de que era muy difícil compaginar mi vida profesional con mi figura de madre. Recuerdo acabar de competir un día e irme al hotel agotada, ¡y mi hijo solo quería jugar conmigo! Normal, si no me había visto en todo el día. Ahí empezó el desequilibrio, no daba para todo”, reconoce la jugadora, que se retiró definitivamente cuando se quedó embarazada de su segundo hijo.

«Sigo creyendo que en profesiones como el golf la maternidad es incompatible, o por lo menos lo fue para mí»

Paula Martí

“Yo no dormí los primeros siete meses de vida de mi primera hija. ¡Imagínate si llego a estar en el tour! Aún en el supuesto de que puedas llevar a una niñera de confianza contigo de viaje, al final no puedes compatibilizarlo todo, o al menos hacerlo al nivel que quieres, como madre y como jugadora. El golf exige concentración, horas y horas en el campo, y con un bebé tu cabeza no está en donde tiene que estar”, apunta Marta Prieto.

La malagueña Laura Cabanilllas tuvo a su primera hija compitiendo en el circuito europeo, y a los dos meses de dar a luz volvió a un torneo. Su marido es el profesional Manolo Quirós, que le hacía de caddie. «Pero ni así», recuerda. “No teníamos con quien dejar a Valentina mientras yo jugaba, porque es muy caro viajar con niñera y no hay guardería en el tour europeo. Así que tiramos de amigos y de cuñados para ayudarnos y quedarse con la niña mientras yo competía y sabía que estaba en buenas manos. Así que o eres millonaria y te puedes permitir viajar con tus hijos y con alguien de confianza que los cuide, o es imposible”, asegura.

El LPGA y el LET se acaban de fusionar, con el objetivo de impulsar la difusión del golf femenino y aunar fuerzas para lograr más patrocinadores y torneos. Quién sabe si esta nueva unión logre poner en marcha cambios o iniciativas que impulsen la conciliación familiar de las nuevas generaciones de golfistas.

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